Análisis de la obra “Augustus”

Augustus no era hombre de negocios. Sin embargo, abría muchísimo los ojos cuando alguien le enseñaba a vaciar las tazas de té de tres en tres (o de tres en cuatro, como él se empeñaba en decir). Al parecer y por muy raro que suene, su calle era La Meca de los vaciadores de tazas de té (extraña disciplina, sí, pero tan cabal en otros tiempos como la poda de la mantequilla).

Augustus tampoco era un negocio de hombre. Siempre, siempre, siempre llevaba los bolsillos del revés y claro, la calderilla resbalaba y caía dentro de sus zapatos, causa probable -por otro lado- por la que Augustus fuera considerado uno de los más altos de Górgea, la pequeña isla en la que habitaba. Bueno, era tan pequeña Górgea que ni tan siquiera tenía males endémicos, sólo universales (un gran alivio para sus habitantes, personas extremadamente temerosas de llamar la atención).

Por todo ello no es de extrañar que, llegada la muerte de Augustus, su vecinos resolvieran hacer como que no se habían enterado de que tal muerte hubiera sucedido, ni tampoco admitir que el Augustus al que estoy tocando ahora mismo haya sido disecado por Fredo el taxidermista, famoso por su nulo respeto a las monocotiledóneas y al jabón de Marsella (en realidad, a cualquier jabón). Fruto de su vil mente es, sin duda, la figura disecada de “Augustus”, planteada como la muchacha de “El beso”, de Rodin. Esta posición resulta muy cómoda para colgar abrigos, no lo dudo, pero estamos hablando de algo más trascendental. O así debiera ser. Mi conclusión se basa en Eurípides y “Los encantos ocultos de Maggie”(biografía en verso de Margaret Thatcher), de Charles F. Bronson: Fredo ha querido hacernos creer que escribir “¡Chúpate esa, Freud!” mientras practica un frenético anal a un retrasado de seis años puede a estas alturas suscitar algún interés en cualquier persona cultivada… ni tan siquiera suponer una mínima transgresión para los legos en arte. Fredo el taxidermista ha escogido un mal camino con este su “Augustus”, carente de líneas líquidas y/o volúmenes excitantes.

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6 pensamientos en “Análisis de la obra “Augustus”

  1. Hace tiempo que unos cuantos hombres de bien están haciendo cultura con sus confesiones históricas,con sus reflexiones críticas,con sus modestísimas publicaciones, con su dedicación artística,etc.y espiritualmente no quieren más satisfacción que la propia. Ahora bien, no viven de cara a la galería, y por eso reciben el pago de ser ignorados por completo.Ciertamente eso es más bello que la autoevaulación de sobresalientes. Me acuerdo cuando Cervantes, olvidado de todos, decía cuatro días antes de fallecer:”Puesto ya el pie en el estriboy con las ansias de la muerteayer me dierón la extremaunción,hoy termino ésta”.Con estas palabras recibimos la lección de la dignidad y el consuelo de tener el trato que siempre tuvieron (aunque es mucho pedir) los hombres, más que nada, problemáticos. Antonio gala en la Pasión Turca dice: “Hay que inventarse, a cualquier precio, modos de transgredir”.Pues ciertamente, el autobombo no es transgresión -y a la vez sí- en tanto en cuanto es utilizar la norma de lo establecido. Y sí es por el contrario una violación a lo justo, lo mínimamente digno. ¡Qué verdad es aquello de: Todo depende del cristal con que se mira! Y yo, parafraseando, diría que más bien Todo depende de la piedra que te tiran…Si nos ponemos evangélicos la lapidación era el castigo que inflingían a algunos pecadores, si bien todo el que tenga un punto de humanidad rechazará esta confabulación contra el impotente. Deberíamos aprender de Sócrates aquello de la sabiduría humilde, frente a la barbaridad hueca y casquivana de un Luis XIV cuando dijo: “yo soy el rey absoluto”. Y así se escribe la historia.

  2. Usuario Anónimo, gracias por participar con tu comentario. Yo vivo con la losa a la espalda (no tan grande como la de Atlas, pero casi) de revivir aquella célebre frase de Ayrton Senna: “El segundo es el primero de los perdedores”. Así que leer tu comentario me ha subido el ánimo hasta cotas de optimismo comedido. Danke schön!Lo único que te pido es que te identifiques (bien por tu nombre, bien por pseudónimo) si vuelves a escribir por aquí. Más que nada, por dirigirme a “algo” más interesante que a un “usuario anónimo”, que si no me da complejo de máquina de tabaco. Claro, que podrías elegir tener “usuario anónimo” como pseudónimo. Pero bueno, haz lo que te parezca, aunque se te agradecerá lo anterior. “Su-co-men-ta-rio…gra-ci-as”.

  3. querido juan libre: son muchas las ocasiones en que me cojo a traición pensando en pequeñeces, que he decidido considerar porque creo que son los grandes aciertos de nuestro acontecer monótono. por ejemplo, cuando oímos múusica sentimos que mejoramos nuestro comportamiento.¿Por qué? pues porque un día hubo un Schumann o un Chopin que detuvieron, en el aire, una pavesa de armonía cósmica y, al final…ha caído sobre ti. El anonimato me es tan gustoso como aquel humillo del ajonjolí tostado con una cáscara de naranja y del aceite casi azul, de una aromática sartén…A pesar de todo, continuaremos fundando noches sedantes, húmedas, esponjosas. noches adjetivables…fundamentalmente explicativas, donde poder decirte que Juan Libre consigue, una vez más, hacer de la tragicidad una tragicidad cómica. Ya debes saber.

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