Hijos de Adán (fragmento)

¡Una hora de locura y de dicha! ¡Oh, furia enloquecida, no me ciegues!
¿Qué es lo que en mí desata tormentas estruendosas?
¿A qué responden mis gritos entre el relámpago y el huracán?
¡Beber los místicos delirios más a fondo que nadie!
¡Salvaje y tierno dolor! (A vosotros lo lego, hijos míos, a manera de herencia,
tengo yo mis razones para contarlo, parejas que me oís).
¡Entregarte yo a ti, cualquiera que tú seas, y entregarte tú a mí, desafiando al mundo!
¡Volver al paraíso! ¡Y tú tan recatada y femenina!
¡Atraerte hacia mí y hacer que sientas por vez primera a lo que sabe el beso de un hombre decidido!
¡El enigma, el triple nudo, el estanque tan profundo y oscuro, liberado y esclarecido todo!
¡Volar allí donde por fin encontrarás el espacio y el aire que requieres!
¡Liberarse de viejas ataduras, de antiguas convenciones, cada cual de las suyas!
¡Descubrir una nueva indolencia insospechada en lo que hay de mejor en la naturaleza!
¡Quitarse la mordaza!
Sentirme, hoy como siempre, feliz con lo que soy.
¡Oh, lo desconocido, el éxtasis y el trance!
¡Zafarse ya de anclas y de amarras ajenas!
¡Ser libre! ¡Amar con libertad! ¡Lanzarse ingenuo y temerario!
¡Desafiar a la muerte con burlas y con provocaciones!
¡Subir, llegar al cielo que me ha sido asignado!
¡Elevarme hasta allí con el alma embriagada!
¡Perderme, si es preciso!
¡Llenar el resto de mi vida con una sola hora de libertad y locura!
¡Con una breve hora de locura y de dicha!

Fragmento de Hijos de Adán, de Walt Whitman. Traducción de Enrique López Castellón. Editorial PPP (Poesía y Prosa Popular), 2ª edición ediciones Busma, S.A. Año 1984

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Un pensamiento en “Hijos de Adán (fragmento)

  1. !Vaya, señor J! Le confieso que leer este texto dos veces en distintos lugares una misma noche, me ha descolocado un poco. Me gustaba más cuando sólo podía recordarlo al abrir el cajón de mi mesita de noche (hace una hora lo hice, pensando de forma alarmantemente reiterada en usted. Es un ciclo para mí, lo que me ata a su recuerdo. Un ciclo con periodos variables, en función de las experiencias -ajenas a la que un día fue nuestra, suya y mía,- que se van amontonando. Siento que le conozco más y mejor si no tengo noticias suyas. -?- Pero a veces, como me ocurre estos días, deseo tenerlas -también yo soy impulsiva, aunque sin confundir jamas impulso y antojo). Volviendo a su texto, le diré que pierde fuerza cuando no es escrito de su puño y letra. Aunque sigue siendo vivo, de un color rojo intenso. Esta noche he empezado a leerle. Desde la primera entrada. Algo me impidió hacerlo antes. Por otro lado, quiero agradecerle el detalle que ha tenido nombrando al sufrido traductor. Nadie se acuerda de él, pobrecillo.Un beso interminable de su amiga, para usted, “la señorita…”….”…Atraerte hacia MÍ y hacer que sientas por vez primera a lo que sabe el beso de un hombre decidido…” …palabras, señor J. Perdone que le diga…

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