El caso

En el último piso, justo antes de llegar al umbral de la puerta J, un díptero revoloteó algo más que de costumbre. Su movimiento era gracioso. A su alrededor, casi imperceptiblemente, el aire huía en forma de remolino azotado por sus frágiles alas. Por el contrario, el hedor sumergía al paseante en la sensación de encontrarse bajo una fuerza de gravedad cuatro. El hedor era curioso, tanto como el movimiento del insecto. Unas risotadas desconcertantes se escuchaban más allá, muy probablemente cerca de la puerta T.

Hacia aquella última se dirigió entonces el investigador. La rutina y experiencia acumuladas no fueron tanto las causas que le empujaron a ir hacia allí como las increíbles ganas de acabar con el caso cuanto antes. Las risotadas eran extrañas; demasiado maquinales para ser humanas, pero demasiado reales como para ser meras reproducciones. Tras abrir la puerta, el enigma se desveló a ojos del investigador. A un lado, una caja tonta escupiendo risas enlatadas; frente a ella, una joven pareja emulando y amplificando esas carcajadas artificiales, arrinconados en un loft minimalista con tanta vitalidad y calidez como sólo un loft minimalista puede dar. Espectáculo del bueno.

Volviendo sobre sus pasos, se le antojaron boquerones en vinagre, pero el hedor pronto le borró tal antojo. El ceño lo tenía más fruncido que de costumbre, y eso que su costumbre era la ausencia de tal cosa. Traspasó sin pensar el umbral de la puerta J. De repente, el hedor había tornado en azahar (cosas de la vida) y el azahar en romero y el romero en aroma de ajonjolí. En cualquier momento, todo podía cambiar en cualquier sentido y sin límite. Pero la estancia era agradable. No había orden alguno a priori; los volúmenes, los vanos, las líneas… nada parecía tener nada que ver entre sí. Sin embargo, todo tenía sentido en conjunto y en particular la luz, que llegaba a todos los rincones. De repente, el investigador salió presuroso del apartamento. Se le iba la vida en bajar las escaleras. Milagrosamente, salió indemne del edificio. Jamás contactó con su cliente. Jamás resolvió el caso. Jamás escribió o habló sobre ello. Nada.

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2 pensamientos en “El caso

  1. tal hedor esta presente en nuestras vidas pero hemos de sacar la cabeza por la ventana, coger aire y seguir nuestro objetivo previamente definido. como dirian mis amigos los piratas: “la ventana es un buen lugar para escapar”

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