Intervalo de diez minutos

Reflujos y más reflujos incordiaban al cándido Boquitalimón en su apacible centro de operaciones: la cama. Desde allí, el nene encauzaba las tribulaciones propias hacia los derroteros enjundiocósmicos habituales. Acto seguido, y sin soltar el abanico, el bien apodado Boquitalimón trepó por el gotelé hasta la cumbre septentrional de sus nueve metros cuadrados de hacienda y se parapetó tras un dibujo más bien cutre de Thom Yorke (el presioso). Cogió aire y gritó con todas sus fuerzas: “¡HOY NO QUIERO MÁS FRESAS!”

Gutiérrez, aburrido de soñar siempre con las mismas payasadas, se dejó caer un día más hacia los abismos de la rutina.

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3 pensamientos en “Intervalo de diez minutos

  1. tio, te habrias llevao muy bien con Tristan Tzara…Y cambiando de tema, me alegro de saber de lo q pasa por tu vida, por tu mente y por tu subconsciente (sobre todo este ultimo) aunque sea a traves de ton blog 😉

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