Siempre es domingo

– Dos enormes estatuas de mármol pesan más que una enorme estatua de mármol. Y, cucha bien lo que te digo, menos que tres enormes estatuas de mármol.

Los ojillos del maestro tornáronse brillosos ante el hallazgo de su pupilo estrella, Blasete. A Gutiérrez le faltaban brazos para estrangular a la impasible masa discente al tiempo que buscaba como loco otro pupitre vacío, pues ya había mordisqueado hasta el hierro toda la última fila tras escuchar la intervención de Blasete. Blasete… ¿qué habrá sido de él?

El runrún del ventilador y un cubito derritiéndose en la copa de balón. Runrún runrún charquito bajo el cubito runrún sudor en la copa runrún runrún movimientos fractales como corrientes marinas en el charquito runrún cubito fracturado runrún runrún sudor condensado en la copa runrún runrún runrún fusión del cubito runrún runrún runrún runrún runrún runrún…

… y otra tarde bien aprovechada por Gutiérrez pensando esta vez, sepa Dios por qué, en el imberbe Blasete.

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