Cambio de oficina

¡Por todos los santos! ¡¿Cómo es posible que un asno como Martínez dirija el departamento y, por ende, mi vida profesional?! – vomitaba Gutiérrez para sus adentros una y otra vez en la oficina. ¡Menudo tipejo! Enchufao, cojitranco, soplanucas, papas fritas, desgraciao, solemne bobo y lameculos, lengua viperina, homo-fístula, remedao, julandrón y julai, zalamero, berruguete, zote, barbúo, cara espátula, taimao, lechón, osobuco…

Maneras mejores de pasar la jornada en el trabajo serían difíciles de encontrar para un Gutiérrez algo ofuscadillo con la idea de ser trasladado temporalmente de sucursal gracias al payaso de Martínez, en cuya lánguida mano estaban los futuros directos de, al menos, otros seis chupatintas como el mencionado revenío. No obstante y pensándolo bien, Gutiérrez echó una miradilla de soslayo a su relación vital y social con el entorno y la ofuscación fue a parar, por decirlo suavemente, a tomar por culo. Gutiérrez siempre había preferido ser un número, incluso cuando pasaban lista en clase, y eso es exactamente lo que seguiría siendo allá donde hubiera de irse.

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