Adiós oficina, adiós. ( I )

Desde antes del cuaternario ya se sabía que, tarde o temprano, todo se iría al fondo y a la derecha. De ahí que, en un minúsculo punto perdido del mal llamado infinito, apareciera sin motivo aparente la especie a la que Gutiérrez pertenecía con el único fin de acelerar el inexorable proceso de desaparición total por aquel remoto rinconzucho. Estrategias del oh Universo quizá o casualidad físico-química… en cualquier caso, poco o nada contaba la opinión de las masas y menos aún la de Gutiérrez.

De esa especie con unos dos millones de años de antigüedad era miembro Gutiérrez de la misma manera que lo era del Club de Ajedrecistas Sanjuanistas, es decir, por pura casualidad o, siendo un poquito cabrón, por un polvo a destiempo (las cosas como son, hijo mío). Y también de la especie era ella -mírala… ¡inch! ¡cuch!-, aunque a veces Gutiérrez -y uno mismo- tuviera serias dudas al respecto. ¿Cómo decirlo? Ella, simplemente, estaba mal hecha. No la querían ni en Mordor, y no por fea -que también-, sino por mala. Por Suárez y ella, Gutiérrez andaba fritico sin ver la luz al final del túnel… pero, ¿quién podría hacerlo?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s