Nota al margen. Sobre los Goya 2007 y el cine español

Haciendo un alto en el camino, escribiré en primera persona por esta vez para dejar mis impresiones sobre los premios Goya en esta edición de 2007. Un año más lo he intentado… he intentado seguir al menos uno de los bloques de la gala (sección entre dos intermedios, inicio e intermedio o intermedio y final de un programa). Nada. Imposible. Ni el sospechoso y oscuro ardid de retransmitir en diferido la cosa con la excusa de eliminar los momentos tediosos la ha hecho en consecuencia menos soporífera. Y no deja de ser curioso cómo la realización del evento -dentro del lógico corsé del mismo- sigue de espaldas a las posibilidades potenciales que brinda la tecnología, la experiencia y el conocimiento que tienen los profesionales que están tras las cámaras de RTVE. En el momento en que esta gala fuera retransmitida por otra cadena, a buen seguro que cambiaría radicalmente el asunto -para mejor o para peor, aunque el riesgo inherente me hace otorgarle el beneficio de la duda a lo primero-.

Ejemplo al canto: la Fórmula 1. En términos narrativos, la historia es la de “siempre”, es decir, unos cuantos tipos le dan vueltas a un circuito tratando de llegar los primeros tras n vueltas. Durante años, RTVE fue la encargada de retransmitir en forma de “indiscutible coñazo sólo para incondicionales” dicho deporte. De repente, más listos y rápidos que nadie, Tele 5 se hace con los derechos de retransmisión a sabiendas del increíble potencial de un desconocido Alonso. En RTVE hasta resoplaron aliviados por quitarse tal muerto (me refiero a la retransmisión, claro está). ¿Y qué hace Tele 5? ¿Acaso sabían que Alonso iba a ganar de antemano? No, claro que no. Es más, el muchacho podría haber tenido un accidente o cualquier imponderable que le hubiera forzado a abandonar la Fórmula 1. Eso lo sabían bien en Tele 5. Pero, y es aquí adonde voy, Alonso no dejaba -y deja- de ser un aliciente potencial para lo importante, el objetivo de Tele 5: enganchar al mayor número de espectadores a la Fórmula 1. Con o sin Alonso. Y han conseguido lo que parecía más que imposible. ¿Cómo lo han hecho? Pues “mu-y sen-ci-llo”: Aprendiendo de qué va la Fórmula 1, analizando las limitaciones técnicas de la cobertura de este deporte, estudiando cómo se han realizado las retransmisiones hasta la fecha y -he aquí el huevo de Colón en forma de culminación- diseñando un tratamiento novedoso para CONTAR (que es de lo que se trata) la Fórmula 1.

Yo no soy seguidor de la Fórmula 1, pero me he sorprendido a mí mismo viendo más de dos y tres veces parte e incluso toda la retransmisión de una carrera, embobado viendo el trajín que conlleva cada prueba del mundial o cómo funciona el motor de un Ferrari… muchos detalles que ya he olvidado pero que, al menos durante el programa, me hacen verlo sin perder el interés aun a sabiendas de que a mí este deporte ni me va ni me viene. Conclusión: no hay quien se trague los Goya porque la manera en que están empeñados en contárnoslo bien podría reducirse a la lectura de los ganadores, es decir, a la publicación del fallo del jurado (en este caso, la Academia). Porque no hay nada más. La supuesta emoción que encierra este tipo de gala se circunscribe a los nominados y a sus allegados, porque para el común de los mortales muere al transformarse en impulsos eléctricos, antes siquiera de aparecer en nuestras pantallas. La impresión es, simplemente, la de un bingo.

Sin analizar, arriesgar y actuar con la determinación de divulgar la pasión y riqueza que encierra el CINE (con mayúsculas y en general), no es de extrañar que el público siga haciendo en España muy bien lo que ya hace: ejercer su derecho a elegir libremente y, en consecuencia, pasar olímpicamente del cine patrio. Si se mostrara la trastienda del cine, la historia, si la Academia fuera transparente y alguien estuviera dispuesto a emprender la aventura de adentrar las cámaras al desarrollo de una producción, por ejemplo, la cosa cambiaría seguro. No de un día para otro, claro está, porque ésta es una labor que hay que desarrollar a lo largo de muchos años, ya que encima nuestro cine carece de un aliciente potencial como el que ha representado Alonso en la Fórmula 1. Pero claro, la nómina, la politización y la subvención permanente sólo provocan apoltronamiento físico y mental. Eso no se lo pueden echar en cara al bicampeón.

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