Cerrado por vacaci(coj)ones

Tras el blablablá por aquí y blablablá por allá de cada mañana en su cabeza, Gutiérrez se presentó en su oficina. Para su sorpresa, en el rellano anterior a su oficina se encontró a Sarmiento sentada en un rincón describiendo monorrítmicos círculos con los ojos, descalza, con un compás en la mano izquierda, un péndulo en la derecha y, lo que más le llamó la atención, levemente despeinada. ¿”Sarmiento” y “despeinada”? Eso no cuadraba ni a la de tres. Viéndola así, hasta le dio la sensación de que ella era un ser humano, pero no fue más que eso: una sensación. Y más fugaz por otro lado y sin ánimo de querer meter el dedo en la llaga que la sensación de comerse una puerta, puerta que jamás había visto cerrada. Bueno, dejémoslo en que jamás había visto y, claramente… bueno, que sí. El caso es que se comió una puerta, la de la oficina, claro.
El golpe no perturbó a Sarmiento, que seguía a lo suyo. Gutiérrez, maldiciendo en hebreo, comprobó estúpidamente -como suele pasar en esto casos- la solidez de la puerta. A media altura y pegado con un trozo mal cortado de papel adhesivo, un recorte de la contraportada de un periódico gratuito contenía una escueta pero inequívoca leyenda: “Cerrado por vacaciones”.
Gutiérrez empezó a convencerse a sí mismo de que debía cambiar de loción de afeitado -incluso cuando no se afeitaba- porque le sobrevino cierta idea acerca de los efectos secundarios que ésta podía haber provocado a su memoria, pues no recordaba ningún aviso al respecto por parte del Papas Fritas. La teoría la basaba en un documental que al respecto habían elaborado unos monjes onanistas de Baja Sajonia junto con la Asociación de Bibliotecarios Secesionistas del otro lado del Rhin y que había visto en el canal 4021 del portal AWeSomeTV.
Gutiérrez regresó un instante a la diégesis de la oficina y dijo en tono inexpresivo mirando al papelote: “Pues hasta septiembre”. Dio media vuelta y antes de llegar al ascensor dejó de pensar en por qué habría un precinto policial apuntalando la puerta.

Nota del autor: ese “hasta septiembre” está dentro y fuera de la ficción. Para crear expectativas, he dejado varios hilos sin resolver. ¿Qué habrá ocurrido en la oficina? ¿Estamos ante una nueva Sarmiento? ¿Dónde anda Fenderson? ¿Y el Papas Fritas? ¿Subirá el precio de la máquina de galguerías?

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