De visita (II)

Ñieeeec…ñieeeec… cada viejo peldaño de aquella escalera de madera que ascendía lentamente Gutiérrez parecía quejarse más que el anterior. Ñieeeeec… ñieeeeec… ensimismado en sus pensamientos, Gutiérrez parecía que supiera el camino de memoria, que tuviera en mente el número exacto de escalones o que hubiera diseñado él mismo el edificio. Ñieeeec…o todo a la vez. Ñieeeeec… ñieeeec…¡¡Crac!! ¡Mierda! –maldijo Gutiérrez al ver su pie derecho atrapado en un escalón. Fenderson, mamón, adónde me traes, desgraciao. Por más que lo intentaba, el pie no salía del agujero, aquel punto negro en medio de la inmensa negrura. Los ánimos de Gutiérrez se encrespaban por momentos cuando una mano tocó su hombro izquierdo. ¡Ven! Del sobresalto, Gutiérrez se retorció de tal manera que acabó cayendo de espaldas sobre la escalera. Bonito giro. Gutiérrez, jadeante, reconoció la voz. ¡Fenderson! ¡Me cago en tus muertos, so cabrón!

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